El arte no solo nos gusta: también tiene un impacto real en cómo nos sentimos y pensamos. Diversas investigaciones en neurociencia muestran que la contemplación de obras artísticas activa circuitos cerebrales asociados al placer, la emoción y la memoria.
Al observar una obra, el cerebro procesa estímulos visuales complejos y libera dopamina, un neurotransmisor vinculado a la motivación y el bienestar. Este mecanismo de “recompensa” es similar al que se activa al escuchar música o realizar actividades que disfrutamos.
Estudios de Jean-Pierre Changeux y Pierre Lemarquis señalan que la exposición a la belleza puede contribuir a reducir el estrés y la ansiedad, disminuyendo los niveles de cortisol y favoreciendo estados de mayor calma y atención. Además, interactuar con el arte estimula funciones cognitivas como la memoria, la reflexión y el pensamiento crítico, manteniendo el cerebro activo.
En este sentido, el arte no es un lujo ni un mero adorno: forma parte de aquello que nos ayuda a estar mejor, emocional y mentalmente. Integrarlo en la vida cotidiana es también una forma de cuidar el bienestar.
Gracias por leer. ¡Espero que este artículo te haya inspirado! Hasta la próxima.
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Basado en investigaciones de Jean-Pierre Changeux y Pierre Lemarquis.